Nuestro encuentro

Creía que me esperabas, pero no era así.

Salí como de costumbre, iba bien de tiempo pues éste no me tenía a mí. Fui caminando al lugar que habíamos acordado. Pretendía que surgiera una nueva idea, no obstante, todo lo que creía nuevo y diferente se convertía exactamente en lo mismo que la vez pasada, te lo quería contar aunque no lo había podido hacer antes, más bien, quizá no había querido. A pesar de que estuviera presente esa misma canción en mis oídos de lo que debía hacer, no era del todo claro. La confusión se apoderaba de mi mente y dudaba de las pocas palabras que sabía y con las que acompañarían nuestra corta conversación; no me convencían del todo. Tenía ganas de sacarlo por fin de mis pensamientos pues giraban como tales trompos hacen de las suyas, me cansaba, me hostigaba, pero aún no hallaba eso nuevo y extraordinario que estaba buscando, más sin embargo no aguante más y decidí decírtelo de un vez por todas antes de que se hiciera más tarde de lo que posiblemente ya era; ya lo había aplazado lo suficiente.

Antes de arribar al lugar de encuentro y seguir con mi rumbo, me enorgullecí al saber que después de tanto tiempo sería capaz de contártelo. Tan sólo me dejé llevar por lo que sentía y creía porque comprendí que por ahora nada sería mejor de lo que planeaba. Que alivio estar tan cerca de poder desahogarme, de salir de una vez por todas de esa punzada constante que trataba de ocultar pero que se expandía por más de que lo lograra maquillar.

Esa cómoda silla de siempre fue lo único que encontré. Creía que me esperabas, pero no era así. Comencé a sentir esa molestia, la molestia que todos solemos tener, y poco después, decepción y tristeza fue el único rastro que quedó. No llegaste y estaba completamente segura de que ya no llegarías. ¿Por qué esperé tanto tiempo para decírtelo? No lo sé, pero ya sólo esperar otro accidente era lo que restaba, seguir esperando con paciencia hasta que pudieras darme y dedicarme un poco de tu preciado tiempo, me pusieras atención y tuvieras la disposición de aceptar mis impasibles e inexpresivas palabras que te decorarían y te acompañarían si me lo permites.

marzo 6, 2010 at 2:49 am 1 comentario

Es Hora

Así lo afirman con seguridad: “Es hora”. Cada uno adiciona su tono para que los demás noten su veracidad, aunque nadie tiene la certidumbre de qué pueda ser. Es hora, es hora, pero ¿de qué? Ah, que ya es la hora… no no no perdón que es ahora, o quizá, la hora es ahora. Hey pero ¿qué hora es? Entre todo este tiempo eterno ¿cómo sé cuál es la hora? ¡Claro! Pedazos de pequeñas duraciones que componen el día pero ahora la noche. Y sí, es hora a pesar de que éstas pasen rápido, porque nunca es tarde, nadie lo puede juzgar pues la hora puede seguir viviendo sin poder ser hundida ni enterrada; sigue presente e incompleta, carece de un corto empujón para que nunca se apague su fuego.

Hay horas para los sueños, gritos y desvelos, pero no para la enorme e insatisfecha imaginación. Una hora específica para apreciar los colores de las ligeras pinceladas en el cielo durante el atardecer; lo adornan, pero no para sentir el refrescante viento que roza con suavidad nuestro rostro. Horas para ver la luna y las estrellas; fieles compañeras de la noche, pero no para abrir los ojos y ver que aún estás a mi lado.

Todos los hechos apuntaban hacia lo que buscaban, sin embargo no era excusa para que dejaran de pensar en la hora y en irla divulgando. Firmemente lo anunciaban sin dar explicación alguna, pues era la hora y lo sigue siendo; ya saben bien lo que hay que hacer.

febrero 25, 2010 at 3:46 am 3 comentarios

También es música

¡Calla! ¿No ves que eso la hace infeliz? Déjala, no la molestes más. No quiere más tu presencia, la perturba. Vete. Por un momento deja que se alejen las palabras, que tan sólo la inunden pensamientos profundos que se conviertan en esa voz hostigante de la que no paran de surgir ideas y sentimientos, y que a veces por su gran intensidad pareciesen muchas voces más.

Permite que sienta y viva nuevas emociones y sentimientos, no seas egoísta. El hecho de que muchos te busquen no quiere decir que todos deban hacerlo, o por lo menos todo el tiempo. Hay que descansar de ti de vez en cuando. Estoy totalmente convencida de que eres necesario, sin embargo no eres lo único que adorna los instantes, las palabras, las fotografías de la historia; nuestra historia. De todas maneras se te es agradecida tu grata compañía; ha sido arrulladora, aunque molesta en muchos momentos.

Simplemente también es música para nuestros oídos al igual que tú, aunque no muy conocida, mejor dicho no muy apreciada por todos, pues es una pausa, es música infinita e indescifrable que muestra historia, que marca y que claramente, también expresa. Sólo hay que saberlo interpretar y controlar. Como lo dice Shakespeare “Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”. Por fin sabremos tu nombre, pero silencio, que nadie se entere.

noviembre 11, 2009 at 5:08 am 1 comentario

Garabatos sin sentido pueden ser más de lo que crees

Quién iba a imaginárselo. Tanto para que al final te mostrases como lo que eres. Muchas copias pero sólo una misma naturaleza. Bastantes usos que se reducen a un único resultado. Notas, ideas, pensamientos y creaciones vuelan ágilmente de nuestras mentes por querer ser plasmadas en ti, luchan por salir de la capacidad intelectual humana, ese lugar que conserva todo y nada. En él hay entes de poca clarividencia, o por el contrario, sentimientos y pensamientos totalmente nítidos, incluso fruslerías que las personas no toman en serio pero que pueden llegar a ser interpretadas siendo expresadas en una simple hoja.

Aquellos tiempos donde el… tiempo tiempo, que pasa con tigo que hoy estas como lento, por qué esta no es una de esas veces en las que provocas que la arena, esa arena suave y cálida caiga tan rápido que no nos demos cuenta de que fue lo que ocurrió. Sencillamente, en esos momentos de aburrimiento garabateando en algún pedazo de papel, o quizás doblando una hoja podremos averiguar qué es lo que realmente está dentro y a punto de ser revelado. Nuestra única manera de lograrlo, desahogarnos con un rectángulo impecable, que ni siquiera una gota de impureza tuvo encima antes de llegar a nosotros, que por el contrario, derramamos tinta que marca pero con otra pincelada se va al olvido. Hoja, ¿qué es lo que escondes? Quiero jugar contigo, pintarte, arrugarte, usarte hasta que quedes como lo deseo. Te llenas fácilmente con palabras sin sentido, desordenadas, ahora con una nueva tinta y quedas a la espera de alguna otra señal de uso, pues rápidamente serás reemplazada por una próxima y ésta a su vez por muchas otras que vendrán.

Entonces se guardan las hojas, muchos preguntan el por qué pero no hay respuesta alguna. Tal vez sólo sea una excusa para luego, cuando nadie este mirando y se encuentren completamente solos te vuelvan pedazos y te desechen como a una cosa cualquiera. No ven tu valor, después lo lamentarán, no haber postrado en ti eso que era tan importante, pero que el viento ya se llevó. Por ahora se útil y déjate tocar por manos que te valoren.

noviembre 4, 2009 at 5:20 am Deja un comentario

¿Quién?

No todos te miran con los mismos ojos con los que por lo menos alguien te mira. Te levantas temprano, silencioso para que no despierten los demás. Sales a tomar aire fresco y a cumplir tu rutina, ves pasar a la gente y te pones a pensar que hay en sus mentes, pero luego sólo te los quedas contemplando directamente a sus ojos con tu tierna mirada. Las demás personas se acercan a ti, te saludan y te regalan una sonrisa amigable, después siguen su camino. El día transcurre lentamente, no hallas que hacer, empieza a crecer la desesperación, caminas de un lado hacia otro, pero no logras mayor cosa. Si tan sólo pudieras liberarte de esa vida, que para muchos es placentera y fácil, pero que lamentablemente para ti no lo es así, pues piensas en la satisfacción como algo más, simplemente más profundo.

Se acerca la hora, haces una pequeña llamada y te reciben con los brazos abiertos. Tu propósito se vuelve ahora en saciar las ganas de comer; que pasas con un sorbo de agua. Esperas con ansias el ocaso del sol. Será cuando te encuentres por fin en compañía; luego sales a dar una vuelta. Eres todo oídos, te cuentan todo los acontecimientos del día, y tú sin poder hacer ni el más mínimo comentario lo oyes como si realmente escuchases, pues dicen por ahí que sueles ser el mejor amigo, pero ¿de quien? Regresan, porque se hace tarde, y no te queda más que esperar a otro día que vendrá, con muchas sorpresas si tienes suerte o con la simple expectativa de que todo pueda cambiar.

octubre 28, 2009 at 3:14 am Deja un comentario

No es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo. Nelson Mandela

Comúnmente las personas solemos experimentar sentimientos de peligro, inseguridad y riesgo al que conocemos como miedo; que nos producen sensaciones de desagrado al pensar en su posibilidad de ser reales, y a pesar de que no todas las personas le tememos a lo mismo, siempre encontraremos algo que nos perturba y nos intriga. Las sonrisas perfectas, las miradas persistentes y las palabras precisas no serán constantes y será necesario buscar alternativas cuyas soluciones propongan formas concretas de poder descifrar aquello que nos atemoriza; creyendo como cualquier mente ingenua que el tiempo estará a nuestra disposición, pero cada instante pasa, cada abrir y cerrar de ojos va a ser diferente, simplemente no se va a repetir en absoluto, porque podremos vivir de nuevo lo vivido, pero sencillamente, algo así sea insignificante, habrá cambiado. No hay que dejar que se pierdan esos recuerdos, pero ¿cómo sabremos si no lo hemos olvidado, o si lo aprovechamos al máximo? Lamentablemente no hay alguien que nos lo diga, sólo nosotros podemos saberlo o por lo menos hacérnoslo creer y cambiarlo, pues somos los que pensamos de esa forma, los que creamos estos sentimientos, los que día a día enfrentaremos nuevamente algún sentimiento que nos aturda y que no nos deje tranquilos.

octubre 21, 2009 at 5:02 am 1 comentario

Perdida en el pensamiento

Caminabas sin rumbo, era una noche oscura y fría, aunque seguías sin prestarle cuidado, tu atención en ese momento se encontraba lejos, más lejos de lo que quizás aún tú pudieras creer. Veías las estrellas y sentías aquel penetrante frío que recorría todo tu cuerpo, pero ya lo habías vivido antes. Las personas pasaban por tu lado, ni cuenta te dabas de su presencia. Su vida continuaba, como si tuvieran que concluir su rutina, miraban su reloj, apretaban el paso y apenas te miraban al pasar. Te distrajo por un instante el fuerte sonido del viento que recorría las calles, notabas como los árboles seguían aquel ritmo, moviéndose de un lado hacia el otro. Se hacia tarde y aún estabas atrapada en aquel pensamiento que no sabías en realidad que era lo que te generaba, si un miedo profundo o más bien tenías ansias de que pasara nuevamente; como se volvía de costumbre. Regresaste porque ya era hora, hubieras preferido quedarte un rato más, apreciando lo que muchos ni siquiera determinan. Hiciste el mismo recorrido para devolverte y con ello te acompaño la reluciente luna llena.

Las luces se perdieron de vista, te encontrabas allí donde siempre sueles estar. Mirabas alrededor y únicamente encontrabas sombras misteriosas que te intrigaban, giraste tu cabeza y nuevamente estaba frente a tus ojos, una mirada calida proveniente de un pequeño ojo que te observaba tiernamente, ese tipo de mirada que entra dentro de ti y que no puede ser vista por mucho tiempo, pues se convierte en amenazadora. Cerraste tus ojos, el miedo te había capturado y deseabas que amaneciera, sin embargo las preguntas invadían tu mente ¿por qué está aquí? ¿Qué es lo que busca? Sólo debías esperar al siguiente día para saber que todo no era verdad, o por lo menos eso era lo que querías creer.

septiembre 16, 2009 at 4:48 am 3 comentarios

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